Adela Fernández

En su infancia, Adela fue testigo del desarrollo de la llamada Época de Oro del cine mexicano, entre los años 30’s y 60’s, pero también vivió, con honda tristeza y nostalgia, su muerte. Adela recuerda que fue José Vasconcelos (quien fuera Secretario de Educación Pública de 1921 a 1924), el gran impulsor del movimiento nacionalista entre los miembros de la comunidad artística de México. Este gran personaje logró articular a los artistas en torno una idea: la dignificación de los valores y raíces culturales indígenas sumadas al enorme orgullo de ser mexicanos. Vasconcelos llamó a reconocer la pluralidad de los distintos pueblos que componen México. “Su convocatoria fue tan fuerte, tan cálida, tan exigente pero sobre todo tan convincente que realmente contribuyó a construir ese México del que todos tenemos memoria” asegura Adela.

RC.- ¿Cómo es ser hija del gran “Indio” Fernández?

Difícil porque su temperamento era impredecible, oscilando de la ira a la ternura extrema y, viceversa. Exigía mucho: Depurar la sensibilidad, estudios, posición ideológica, creatividad, y todo esto a su medida y a su gusto. En cuanto a que fue una celebridad implica grandes compromisos: Responder a sus ideales y tolerar la invasión de sus fans en nuestra vida íntima. Nunca me he sentido presionada y sometida a “la sombra del padre”, yo vivo bajo su luz, sus enseñanzas, sus más altos ideales. Él me ilumina y me fortalece.

RC.- En su infancia usted fue testigo de la “época de oro del cine mexicano”. ¿Qué recuerda?

Yo era una niña, así que no capté la grandeza de mi padre, para mí él era sólo mi papi, y recuerdo lo que recuerdan los niños: Los juguetes: Que a Columba le fascinaba jugar a las damas chinas y a las escondidillas; que nadie le ganaba a María Félix con el trompo y el balero; que mi padre se compraba sacos de canicas y soldaditos de plomo y que era un buen nadador y clavadista. Que tenía buena estampa, tanto cuando montaba a caballo, como cuando se paseaba despacito (para verse en los cristales de Sears) en su Cadillac guindo; también guindo era su pluma Sheffer y su sombrero predilecto.

Eché a perder muchas escenas: En “Un día de vida” al filmar el fusilamiento de Roberto Cañedo, yo pegué el alarido y me lancé a abrazarlo; en “Río escondido” me metí a escena para defender a Columba en el pleito con la Doña; Odiaba a Carlos López Moctezuma porque en “Río Escondido” negaba agua a los niños y mandó matar a Columba. Pensaba que mi papá era malo ya que ante los colgados, los fusilamientos, los hombres arrastrados por caballos, él, mi papá, se la pasaba en una silla gritando: “Acción, corte, va de nuevo o salió perfecto”. ¿Cómo podía ordenar aquello? Y lo más extraño era que todos esos “muertos” se levantaban y se iban a comer. ¿Eran revividos, resucitados o fantasmas? No entendía nada. Por años no pude distinguir entre la ficción del cine y la realidad de la vida. Conforme crecí puede entender la magia del cine, su valor estético y el esfuerzo del trabajo. Los escuchaba hablar, contar anécdotas, discutir. Cuando hablo de su cine, lo hago con sus voces, con los comentarios que aprendí de ellos.

RC.- ¿Cómo surgió la escritora Adela?

Empecé contestando las cartas de amor que le enviaban sus novias a mi padre. Me parecía doloroso que él no lo hiciera, así que yo, que imitaba bien su letra, tuve la “piedad” de responderles. Lo quemé bien y bonito porque me plagiaba frases de poetas. Con todas las leyendas que me contaban mis nanas y trabajadores campesinos que venían a trabajar a la casa, y por la influencia de Juan Rulfo y de José Revueltas, nacieron mis primeros cuentos. Luego, ya joven, al entrar en contacto con Leonora Carrington, Remedios Varo y el entonces snob de Gustavo Alatriste participé en juegos literarios surrealistas, aquello de “la trivia”, “el cadáver exquisito” y la “escritura automática”. Más tarde en Nueva York entré a la literatura del Budismo Zen. Hoy en día soy una mezcla de todo eso, eso y más.

RC. -¿Por qué escritora y no doctora o maestra?

Lo que más me interesa es la conducta humana, la existencia, el pensamiento, el mundo de las ideas. Encuentro que a través de la literatura se puede investigar, ahondar, conocer todos estos misterios.

RC.- ¿Por qué escribe usted sobre la magia de los pueblos indígenas de México?

El esoterismo es mi pasión. Tengo sed de Dios y el pensamiento mágico es un buen camino para ir a su encuentro. Hay otras formas de percepción, de intentar comprender el misterio de la Creación, y en esto, nuestros indígenas son sabios, poseen el don de ver más allá, otras realidades. Sus creencias, sus rituales, su respeto a la Tierra, su conocimiento del alma es algo fascinante y conmovedor.

RC.- Usted habla bien de Vasconcelos. ¿Por qué?

Fue un gran filósofo y maravilloso escritor. Fue un visionario, un reformista, creador de una ideología con la que logró impulsar nuestra cultura, entender el concepto de la mexicanidad y de los vínculos latinoamericanos. La dimensión enorme de su pensamiento la encontramos en “Raza Cósmica”. Su “Ulises Criollo” es un libro que todo mexicano debería leer.

RC.- Su cuento “La jaula de Tía Enedina”, muestra el poder de la literatura cuando ésta lleva imaginación. ¿Cómo logra esto, qué la inspira?

Siempre he sido imaginativa, soñadora. Se debe a algo muy simple: hay que ver más allá de las narices, ahondar, elevar los sentimientos, engrandecer los hechos, colorearlos, sacarles brillo. La inspiración no es otra cosa que sentir al extremo de tener que desbordarse y fluir.

RC.- ¿Qué siente al saber que su padre amó tanto a México defendiendo su identidad a costa de todo?

Admiración. Era un hombre congruente, fiel a sus ideales, apasionado, emotivo, sentimental pero sobre todo, era hombre de honor, palabra y corazón. Estuvo dispuesto a dar su sangre y su vida por los ideales de la Revolución cuando aún era un niño. No murió, sobrevivió con esa sed de justicia. Luego cambió el fusil por el cine, arma verdaderamente potente. Sí, su lucha por un México más justo y puro la mantuvo firme y en acción hasta el último instante de su vida.

RC.- Adela, ¿qué significa para usted “Vida y Mito”?

Escribir la biografía de mi padre fue como comerse un toro aún vivo. Él estaba vivo e iba a juzgar mi obra, además de tener la oportunidad de saber cómo lo veo yo y cuál es mi pensamiento. ¡Dios, iba a calificar mi escritura! Lo escribí con pánico y rapidito, sin pensar mucho, al aventón. Su vida fue tan vasta, tan intensa, tan dolorosa y gloriosa que no sabía por dónde empezar. Y había un problema, él contaba el mismo hecho, la misma anécdota de diferentes maneras. Veía su propia vida como una película y le iba mejorando las escenas, los detalles. Él hizo de sí mismo una leyenda. Y para colmo, la gente agrandaba su historia, la exageraba. Estuve a punto de poner al final de cada párrafo dos cuadritos: Tache con una cruz si es falso o verdadero.

RC.- ¿Cuántos documentales ha realizado?

Personales, guiones míos y a cargo de la dirección, sólo dos: “Claroscuro” y “Cotidiano Surrealismo”. Hice varios trabajos por encargo: Trabajé en el INI, filmé varias escenas de la cartilla de alfabetización, un documental sobre la basura y algunas entrevistas. Nada excepcional. Filmacioncitas. No sirvo mucho en trabajos de equipo, por la misma razón dejé el teatro. Prefiero la soledad de la literatura.

RC.- Después de su padre, para usted, ¿quién es el mejor director de cine en México?

Siento un gran respeto y predilección por Arturo Ripstein. He gozado mucho sus películas, festejo su trayectoria. Últimamente me ha sorprendido la aparición de un nuevo director, Carlos Reygadas. En este momento, éste es mi gallo. Tiene una sensibilidad extraordinaria, un gran manejo del tiempo íntimo, interioriza, es cine hacia adentro, pleno de alma. Tanto “Luz silenciosa” como “Japón” me han estremecido.

RC.- Su hijo, ¿también está en el medio cinematográfico?

Émilio Quetzalcoatl primero fue playero con adoración a la vida del mar y tuvo la buena estrella del pescador. Luego se interesó en la orfebrería y en las artes plásticas. Pero como siendo nuestra casa un set codiciado, con tantas filmaciones que aquí se realizan, Emilio se la pasa auxiliando a los técnicos y anda inquieto por hacer cine. Ahora intenta dirigir dos cortometrajes, “Quemando sombras” adaptación de un cuento mío y un guión suyo “Encuerados y enroscados”, tema que nada tiene que ver con el erotismo, sino con un fenómeno mágico que presenció en la ruta sagrada del peyote de los huicholes. Aún no ha sido posible conseguir la producción.

RC.- ¿Qué cambiaría usted de Adela Fernández?

El desasosiego con que vivo, mi tendencia al sufrimiento, mi angustia existencial. Aspiro a la paz interior.

RC.- ¿Por qué algunos piensan que el arte es sólo para las élites?

Los que piensan así son los elitistas. Los demás sabemos que el arte es para todos, es un bien común para nuestro aprecio por lo estético y regocijo del alma. No se necesita ni ser rico ni culto para estimar los valores artísticos, comprenderlos e interpretarlos. Eso sí, entre mayor es la sensibilidad, más profundo es el impacto que el arte causa en el individuo.

RC.- Háblenos de su monólogo “El sepulturero”?

No sepulta muertos. Sepulta recuerdos. Es un niño precoz, incomprendido por sus padres. Hipersensible ante la crueldad de las guerras, reacciona iracundo, intolerante a todos menos con un viejo poeta, su único amigo. Al morir éste, el niño se desquicia aún más y es internado en un manicomio. En la acción dramática vemos su trayectoria de la esquizofrenia a la catatonia, o sea, renuncia al mundo.

RC.- Adela, usted ha dicho que si viviera su padre, él haría las mismas películas mostrando la situación de miseria igual a la de ayer. ¿Dónde estará la solución a esto?

Yo no veo solución. La historia nos lo dice, siempre se repiten las mismas calamidades, los mismos crímenes, las mismas injusticias, las mismas guerras. Una y otra vez por los siglos de los siglos. ¿Por qué? Es cuestión de dialéctica, la eterna lucha entre el bien y el mal, la eterna lucha entre el orden y el caos, la creación y la destrucción. Así es el Cosmos y la naturaleza humana. Pero eso sí, hay tres posiciones que tienen que ver con la ética: O se es un creador, un benefactor, un altruista, o se es un destructor, instigador y corrupto. Lo importante es que en el centro hay una fuerza sostenida por los guerreros que luchan por el bien de la humanidad, los que hablan de la conciencia, de la depuración, del progreso espiritual, de la libertad y de la justicia. De éstos era mi padre. Yo aplaudo a estos guerreros. ¿En cuál de las tres posiciones está usted? Esto es el libre albedrío.

RC.- ¿Qué piensa del arte mexicano?

Es maravilloso, es mi consentido porque nos da identidad, manifiesta nuestro espíritu. Y al igual que en todas las artes de las distintas culturas, ha vivido y seguirá viviendo procesos, cambios, búsquedas. Ha habido y habrá épocas de decadencia y de florecimiento, pero siempre será una labor que dignifica la identidad de todo pueblo.

RC.- ¿Por qué se truncó el proyecto del Instituto Mexicano de Investigaciones Cinematográficas en la histórica “Casa Fuerte” de Coyoacán?

Cuando María Rojo propuso que entre la delegación de Coyoacán, Conaculta, la Filmoteca de la UNAM y el Gobierno del DF se unieran para ese proyecto, me tuvieron tres años en ascuas y finalmente nada se hizo. Nunca me dieron explicaciones. Murmuran que López Obrador retiró el presupuesto. Sé que la junta de vecinos de Coyoacán se opuso y defendieron la zona como exclusivamente residencial. Lo mismo pasó con Yucatán cuando se quiso crear aquí su Casa de la Cultura Yucateca. Oposiciones, juntas desquiciantes que no llevaron a nada. Sigo y seguiré luchando para que la casa se convierta en Museo de Emilio “Indio” Fernández o en un espacio digno para el arte y sus creadores.

RC.- Mi paisano Mario Hernández me ha dicho que usted recientemente lo invitó a dirigir una película. ¿Podría decirnos algo sobre este proyecto y por qué escoger a Don Mario?

A finales del pasado diciembre, llegó a la Casa Fuerte un hombre serio, temblando de emoción, tímido, honesto, doblado por la carga de sueños, de alma impresionantemente ansiosa, a la vez que contenida. Su sed de hacer cine es semejante al misticismo cuando se tiene sed de Dios. Él se llama Uros Stojanovic, y al igual que él, hace años llegó Mario Hernández, en las mismas temblorosas circunstancias. Ambos sensibles, con talento, con luz propia. La similitud es sorprendente. Su emoción se ha debido a la admiración que sienten por la obra de Emilio Fernández.

Uros me mostró su primera y única película “Bodas de funeral”, magnífica, impresionante. Una nueva compañía de Hollywood lo contrató para que filmara algo. “Sí, pero lo único que quiero hacer ahora es filmar la vida del Indio Fernández”. En eso estamos, a punto de realizar el film, pero siempre pienso en Mario. Uros es un director surrealista que maneja símbolos. Es dramático y sarcástico y en su humorismo lo trágico y lo cómico van de la mano. Mario es lo opuesto, es de un hondo e impecable realismo. Yo anhelo ver realizadas las dos versiones, el Indio visto por ojos lejanos y visto por ojos cercanos. Mario y yo, durante años, hemos tenido conversaciones acerca de la personalidad de mi padre, lo conoce, lo siente y ama su obra.

RC.- ¿Qué título le daría usted a la película?

Aún desconozco cómo la va a titular Uros. La nuestra, la versión mexicana la titularía “Calando hondo”.

RC.- ¿Cómo debe pensar la mujer mexicana de hoy?

Como mexicana que es, y con visión del mundo entero. Debe amar a su tierra, comprometerse con México, pero sobre todo con sí misma; ser congruente, independiente económicamente y libre pensadora. Basta ya de ser “como se puede” o “como nos dejan”. Hay que ser defensora de los propios ideales y conseguir los anhelos, los propósitos.

RC.- Cómo nació su libro “Sin sol… ¿hacia dónde mirarán los girasoles?

Es un monólogo. Viví en Nueva York. Me tocó ver a su juventud avergonzada de los crímenes sociales que ha cometido Estados Unidos. Vi a jóvenes que al regresar de Vietnam habían enloquecido o se refugiaban en el LSD. Conviví con beatnicks desencantados, sin futuro, viviendo sólo “el hoy y el aquí”, los vi desmoronarse, y también vi el nacimiento del hippismo “amor y paz”. Mochileros dejaban su país y se internaban en Latinoamérica dispuestos a participar en sus luchas, pero eran rechazados, despreciados. Una gran soledad de esa juventud norteamericana. De eso trata.

RC.- ¿Cuál es el objetivo de permitir que sus obras de teatro sean montadas por cualquier interesado?

Son obras con mensajes, con el propósito de generar tomar conciencia en distintos temas, obras que acusan y mueven al cambio o al menos a repugnar lo repugnable. Así que lo importante es que se monten, y me hace muy feliz que los estudiantes se interesen en ellas y logren llevarlas a escena.

RC.- Para usted ¿qué pasó el 2 de octubre de 1968?

Pasó que nuestro gobernante en turno traicionó a su pueblo, que hubo una confabulación de políticos asesinos, con intereses tiránicos que quisieron detener los ideales de la juventud mediante la muerte. En ese genocidio conocí el terror, el horror y el dolor. Eso pasó. Yo vivía en el edificio Chihuahua y las imágenes de jóvenes protegiéndose con sus libros de la balacera y el olor a sangre, es un recuerdo vivo, punzante.

RC.- ¿Cuántos libros lleva publicados?

Personales, de mi autoría, son once, pero he trabajado mucho en colaboraciones sobre historia y antropología, a veces con crédito y otras como “escritor fantasma”. Así me hice de un oficio, aprendí, me discipliné y hoy trabajo sólo para mi literatura. Estoy terminando mi primera novela: “Voz de Acanto”.

RC.- En Japón, Francia, España, existen cursos en que la cinematografía de su padre es referencia para analizar el cine mexicano, ¿qué significa esto para usted?

Que su cine, no sólo es considerado de autor, sino que ha creado una escuela. Se dice “escuela” cuando el director tiene una peculiar, personal forma y contenido en su creación. Se distingue por su estilo. El cine de mi papá es inconfundible, catalogado como “preciosista”, es puro, preciso (sin paja) y emotivo.

RC.- Adela, ¿cómo logra usted esa consciencia política-social y esa capacidad creadora impresionante? ¿Cómo…?

He de ser hija del Dios Xipe Totec, “Nuestro señor el Desollado” porque siento las cosas en carne viva, a corazón abierto. No puedo ser indolente y todo lo que me impresiona, lo que me cala hasta los huesos, lo escribo.

RC.- Acá en frontera es difícil ser “muy mexicano”, un ejemplo: Muchos programas o convocatorias nacionales dejan de serlo, porque no llegan aquí. ¿Qué falta?

¿Cómo que es difícil ser “muy mexicano”? Si se nace en México, en el centro o en las fronteras, al norte o al sur, se es mexicano. México es de los mexicanos, es nuestro, es nuestra identidad. Lo que pasa es que aprecian más la supuesta “grandeza” económica de Estados Unidos y desprecian la “pobreza” de nuestra nación. Tienen las narices metidas en el otro lado, ignoran nuestras raíces, aspiran ser como los gringos, los envidian, los imitan. Y eso de que las convocatorias y programas nacionales no les llegan, es mentira. Todas las convocatorias del DF dicen: “Pueden participar todos los mexicanos” e incluso algunos dicen “y extranjeros residentes en México”. El DF extiende sus convocatorias a toda la República mexicana, pero además, cada estado, toda localidad tiene el deber de crear sus propios caminos culturales y económicos. Ahora que el “muy”, “muy mexicano” ese es problema de espíritu, la personal forma de amar a su patria y de estar integrado a ella.

RC.- ¿Qué esperamos de Adela Fernández.

Ustedes deben esperar que yo siga escribiendo, y yo debo esperar de ustedes que me lean.

RC.- ¿Desea agregar algo?

Amo a Coahuila, amo sus desiertos, sus sabinos, sus ríos y sus ciénegas, y sobre todo la calidez y la franqueza de su gente. Saludos a mis amigos que me han brindado sus corazones y sobre todo un saludo reverencial a los kikapús, mi gente con la que comparto sangre y espíritu.

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Publicado el junio 17, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Toda una mujer, mexicana, propia, espiritual, creativa. Que bueno.

  2. Adela es la esencia femenina del indio fernandez,icono de Mexico.el gobierno deberia apoyar su proyecto sobre la casa,ya que forma parte de la cultura de nuestro pais.

  3. Magnífica escritora. Sus cuentos han trastocado mi alma y ver con màs claridad la conducta humana.

  4. Felicidadaes un buen artículo. Gracias y saludos.

  1. Pingback: Mor l’escriptora Adela Fernández, filla del director de cinema Emilio, “El Indio”, Fernández | Amb tinta

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