Daina Chaviano

Está considerada una de las tres escritoras más importantes de la literatura fantástica y de ciencia ficción en lengua española. Mientras vivió en Cuba, publicó varios libros de fantasía y ciencia ficción, convirtiéndose en la autora más vendida y admirada dentro de ambas vertientes en la historia de su país. Después de abandonar la isla, en 1991, se ha destacado por una serie de novelas donde aborda asuntos más contemporáneos e históricos con fuertes elementos mitológicos y fantásticos. Su prosa se mueve con igual soltura en la modalidad fantástica y en la tradicional. Tanto en una como en otra ha obtenido premios y reconocimientos internacionales. Sus temas abarcan la mitología, el erotismo, la historia antigua, la sociología, la parasicología, la política y la magia, desarrollados con un estilo lleno de imágenes poéticas y sensuales a la vez.

RC.- ¿Cómo descubriste tu vocación literaria?

Desde niña me gustaba inventar cuentos, incluso antes de aprender a escribir. Escribía para mí. Nunca pensé ser escritora. Lo que ocurrió fue que un día mi madre vio en un periódico la convocatoria de un concurso literario para autores inéditos. Uno de los géneros de la convocatoria era el de ciencia ficción, y como ella sabía que muchos de mis relatos pertenecían a ese género, me animó a que reuniera algunos y los presentara. Ese fue mi primer premio literario, que representó también la publicación de mi libro Los mundos que amo. Fue entonces cuando me di cuenta de que iba a ser escritora.

RC.- ¿Qué te inspiró a escribirlo?

Cada cuento surgió de circunstancias diferentes. No las recuerdo todas, excepto la del relato que dio título al volumen. Está basado en una experiencia personal que comenzó cuando mis padres y yo vimos un ovni cerca de nuestra casa en La Habana. Después de eso ocurrieron varios acontecimientos raros. Sentí la necesidad de escribirlo todo, nunca con la idea de publicarlo, sino simplemente para mí, para exorcizar todas esas experiencias. Cuando lo terminé me di cuenta de que si alguien lo leía podría creer que se trataba de un relato de ciencia ficción. Por eso lo incluí como tal en el libro.

RC.- Eres la fundadora del primer taller literario de ciencia ficción en América Latina. ¿Cómo lo lograste y qué resultados obtuviste?

Después que me gradué en la universidad de Licenciatura en Lengua Inglesa, empecé a trabajar como asesora literaria. Ya yo había ganado el Premio David de Ciencia Ficción. Así es que tuve la oportunidad de poder dirigir aquel taller dedicado exclusivamente al género. Allí acudieron casi todos los que, más tarde, serían los escritores de ciencia ficción de mi generación. Invité también a muchos científicos y especialistas en diversas materias para que dieran conferencias sobre los temas más disímiles, desde física cuántica hasta parasicología. Fue una gran experiencia para todos.

RC.- Daina, ¿qué recuerda de aquellas conferencias “privadas”, sobre la historia de Cuba con sus padres y con el historiador Manuel Moreno Fraginals en el portal habanero?

En realidad, no eran conferencias privadas, sino simplemente conversaciones entre vecinos, pues Fraginals vivía frente a mi casa, y su hijo mayor se había casado con mi hermana. Así es que nos convertimos en familia. En términos generales, aquellas conversaciones me abrieron los ojos acerca de muchos aspectos del pasado histórico cubano que habían sido tergiversados en las escuelas. Por ejemplo, aprendí que aunque es cierto que existía el maltrato a los esclavos, este no era tan extendido como se nos hacía creer. Un esclavo era una inversión muy valiosa y extremadamente costosa. Ningún colono en su sano juicio iba a pagar una fortuna por algo que luego iba a destruir. Muchos esclavos pudieron aprender oficios, con permiso de sus amos, y con ese trabajo especializado compraban luego su libertad y tenían sus propios negocios… Detalles de ese tipo me hicieron ver que la historia no era ese texto en blanco y negro que nos habían enseñado. Fue también una experiencia que marcó el modo en que hoy me enfrento a cada investigación histórica que hago para mis novelas. Nunca me conformo con el ángulo oficial, sino que voy a las propias fuentes (que era lo que hace todo historiador) para descubrir esos matices ocultos.

RC.- ¿Cómo era la biblioteca de sus padres?

En mi casa había libreros por todas partes, llenos de libros de historia, psicología, sociología… Y por supuesto, mucha narrativa y también poesía. Todos estaban al alcance de mi mano, excepto algunos libros de psiquiatría, psicología y filosofía muy especializadas que pertenecían a mi madre, que era psicóloga, y graduadas de Filosofía y Letras, que estaban bajo llave en un librero con puertas de cristal. Yo soñaba con leer aquellos libros, pero mi madre decía que eran muy complejos para mí. Finalmente, cuando tenía unos 11 años, descubrí dónde estaba la llave. Cuando mis padres se iban al trabajo me encaramaba en una silla, cogía la llave y abría ese librero Así me leí las obras completas de Sigmund Freud, y varios clásicos de etnología, filosofía y psicología clínica, como Margaret Mead, Jean Piaget, Masters & Johnson, Schopenhauer y toda una gama de autores y géneros que hoy me doy cuenta que son de interés muy raro para un niño entre 12 y 15 años de edad. Tuve que leer todos esos tomos más de una vez, y en diferentes épocas de mi vida, para comprenderlos del todo. Pero ir descubriéndolos por etapas fue una aventura.

RC.- ¿Cómo sobrevivió tu generación sin Internet, sin teléfonos celulares, sin twitter, ni facebook?

Perfectamente. Cuando yo salí de Cuba, en 1991, ninguna de esas cosas era un fenómeno masivo, ni siquiera en los países más avanzados. Ahora nos parece imposible sobrevivir sin esas redes, pero hasta principios de los años 90, la gente no se manejaba con celulares, ni con Twitter, ni con Facebook. Apenas se usaban los correos electrónicos.

RC.- ¿Cuál es la magia de Cuba?

Cada país es diferente. Y creo que todos tienen su propio encanto. En el caso de Cuba, creo que esta magia está más en la mente y los recuerdos que en la vida real. Hemos perdido mucho.

RC.- Su nombre Daina es porque sus padres fundieron sus nombres: Dagoberto y Eloína. ¿Qué significa eso para usted?

Creo que es un acto de amor entre dos personas que se amaron tanto que quisieron fundir sus nombres en su primera hija. Creo que ese gesto dice mucho de ellos como padres, como amantes y como seres humanos.

RC.- ¿Cómo fue tu salida de Cuba en 1991?

Salí a Ecuador, invitada por la Universidad de Quito, para dar unas conferencias sobre guión de cine y TV, pero decidí que no quería volver a la isla. Pensé quedarme allí, pero como el gobierno de Ecuador no quiso concederme asilo, tuve que emigrar al único país que me lo brindó: Estados Unidos.

RC.- Ya viviendo en Miami, para tu novela El hombre, la hembra y el hambre, ¿cómo actualizaste tu información de Cuba?

Empecé a escribir esa novela cinco años después que salí de Cuba, en 1991. Así es que tampoco estaba muy alejada de conocer de primera mano la situación en que estaba la isla. Además, me escribía mucho con familiares y amigos. Hablaba con ellos por teléfono. También conversaba con los amigos que iban llegando como inmigrantes. Estaba al tanto de todo lo que ocurría. No me fue difícil ponerme al día sobre los últimos acontecimientos, especialmente sobre el llamado Período Especial (1992-96), en el cual la hambruna en la isla llegó a niveles de campos de concentración.

RC.- ¿Cómo fue tu experiencia con la comida que nunca habías visto en Cuba?

Había muchos alimentos típicos de la isla de los cuales yo había oído hablar a mis padres y abuelos, pero que nunca había probado porque desaparecieron poco después de llegar la Revolución. Fue raro conocer esas comidas en otro país y recordar las historias de mi familia sobre ellos. La experiencia está mucho mejor explicada en mi novela La isla de los amores infinitos.

RC.- ¿Qué significa ser cubano en Miami?

Muchas veces leo en la prensa internacional que mencionan a Miami como si fuera una ciudad malsana, infernal o retrógrada. Pero ya llevo 20 años viviendo en ella y jamás he visto frente a mí ―por poner dos ejemplos― ni un tiroteo, ni un mafioso. Los hay, como en todos los países del mundo, incluyendo la propia Cuba, pero no es algo con lo tropiece una persona común y corriente como yo, que no se relaciona con esa zona de la sociedad donde existen esas situaciones y personajes… Así es que supongo que ser cubano en Miami significa algo muy diferente para cada uno. Depende del universo donde se desarrollen tus actividades y tus intereses.

RC.- ¿Cómo es “el síndrome de Estocolmo cultural” que viven hoy los exiliados cubanos?

Lo ignoro. No puedo hablar de él porque no lo padezco. Mi universo cultural es el mundo, no la isla.

RC.- ¿Por qué sus deseos de “contar historias”?

No puedo dar una respuesta lógica ni racional a ese hecho. En mi caso es una necesidad vital como respirar

RC.- ¿Cómo escoge los nombres a sus “personajes”?

Puede ser muy sencillo o complejo. En algunos casos, los nombres salen solos; en otras ocasiones, es un cuidadoso proceso de selección que tiene que ver con la relación entre los personajes, su papel en la trama, su simbolismo, su sonoridad, y muchos otros factores. Cuando los lectores me preguntan por Claudia, por Cecilia, por Pablo o por el duende Martinico, como si se tratara de personajes reales, me doy cuenta de que el proceso ha valido la pena.

RC.-Tu libro Fábulas de una abuela extraterrestre está considerado en estos momentos como uno de los clásicos de la literatura de ciencia ficción en América Latina. ¿Es un compromiso este logro?

Es un riesgo. Los lectores siempre piden más de lo mismo cuando algo les ha gustado mucho. Tengo que luchar contra el mercado y contra los propios lectores para defender mi independencia acerca de los temas que quiero desarrollar. Cuando escribo ciencia ficción es únicamente porque esa historia necesita ser contada siguiendo ciertos parámetros, no porque algún elemento ajeno o exterior me lo pida. Es algo que siempre he hecho, y que nunca dejaré de hacer. De todos modos, como saben los que me han leído, mis libros de ciencia ficción no se acercan al género de la manera tradicional. Así es que tampoco respondo a los parámetros que uno esperaría del género. Creo que ese es otro ejemplo de mi independencia con relación al mundo del mercado y de los lectores.

RC.-En el libro Ulises criollo (1935), Vasconcelos relata unos ovnis que vio junto con su familia aquí en Piedras Negras. ¿Por qué es importante este fenómeno?

¿Por qué es importante explorar el cosmos? ¿Por qué es importante saber qué son realmente los fantasmas? Al igual que ocurre con los ovnis, se trata de fenómenos cuyo origen o posibilidades pudiéramos seguir ignorando sin que ello interfiriera con nuestra existencia. Pero el ser humano no se conforma simplemente con existir. Necesita saber. Esa curiosidad es la que nos ha llevado hoy a comunicarnos a través de Internet, en lugar de hacer gestos como los simios. Dejaríamos de ser humanos si no nos importara averiguar más sobre los ovnis, los fantasmas, o cualquier otro fenómeno que nos rodea y para el cual aún no tenemos explicación.

RC.- ¿Cómo defines la ciencia ficción?

Ya dejé atrás mi etapa de clasificar géneros. He trabajado toda mi vida para intentar fundirlos y convertirlos en otra cosa. He llegado a una etapa en mi vida en la que prefiero dejar las clasificaciones y definiciones a otros. Yo simplemente escribo.

RC.- ¿Qué perdiste al salir de Cuba?

Mis amigos y mi familia. Por suerte, he podido recuperar muchos de ellos, que también emigraron. También perdí la posibilidad de caminar por las calles de mi país y de explorar muchos rincones de su geografía que aún desconozco. Pero si he de serte sincera, gané muchas más cosas de las que perdí.

RC.- ¿Quién es Daina Chaviano?

Una mujer que sueña.

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Publicado el julio 10, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Me encanta Daina. Como cubana que soy la admiro por su trabajo y me encantan sus libros. Me gustó mucho La Isla de los Amores Infinitos, tal vez por esa sensibilidad que transmite, que nos queda a todos los emigrantes…. Mis respetos mis mejores deseos para ella.

  2. Hola! También soy amante de la escritura de Daina. Me gustó mucho “Confesiones Eróticas y Otros Hechizos”. Estoy de acuerdo con Diana en que ella transmite muchas emociones compartidas por los emigrantes, cubanos o no. En fin de cuentas todo el que emigra tiene muchísimas emociones en común, y Daina las expresa muy bien. Le deseo todo el éxito del mundo.

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