Miguel Molina

El reto de la prensa escrita como era antes y ahora, es hacer periodismo de manera diferente, incluyente, entretenido, pero sobre todo clara, aseguró Miguel Molina, periodista de la BBC de Londres, y actual investigador del Centro de Investigaciones de Comunicación Masiva, de la Universidad islámica de Delhi.

RC.- Don Miguel como fue su infancia en Misantla..?

Misantla era una ciudad pequeña y antigua en la que todos o casi todos se conocían, y donde todo quedaba más o menos cerca. La tranquilidad de un pueblo chico me permitió aprender a leer desde muy joven y me alentó a integrarme al mundo de los adultos sin perder la alegría de vivir que tienen los niños.

Cada vez que pienso en mi infancia recuerdo las larguísimas tardes de verano sin sueño que pasé sentado en las escaleras de la casa de mi abuela, o echado en el sofá de mi cuarto, leyendo sin parar hasta que llegaba la hora de oír el radio y perderse en otros mundos por otros medios.

En esos tiempos uno todavía jugaba con otros niños. Cuando no leía pasaba las tardes en partidos de futbol callejero, o en el parque, o en el río, o en todas partes y en ninguna como todos.

En Misantla también aprendí los rudimentos del radio. Estábamos en la secundaria y los visitábamos a Armando Villalobos, que iba a la escuela con nosotros y trabajaba en XEPT, la estación local, que habían construido en medio de un potrero de las afueras de Misantla.

Pero Armando iba a trabajar y nosotros íbamos a fumar. Y en eso estábamos el día en que le dieron ganas de ir al baño. Recibí instrucciones precisas de apretar este botón, mover esta perilla y apretar ese otro botón, y quedarme callado y no hacer nada más. Y eso hice. Luego aprendí que lo bonito del radio es que te pagan por hablar…

RC.- En cual Diario fue su primer trabajo como periodista..?

Comencé a escribir en el Diario de Xalapa, a invitación de Froylán Flores Cancela, quien me había adoptado como corrector extraoficial de pruebas. En esos tiempos (1975) ya había decidido dejar la escuela de Letras Españolas no sólo porque había reprobado Redacción, sino además porque los tiempos y las formas de la academia no me ofrecían el estímulo intelectual que yo buscaba.

Desde el principio fui columnista. Mi primer trabajo, “Concierto para butacas y orquesta”, era una queja merecida sobre la costumbre del público xalapeño de llegar tarde a los conciertos y bajar los asientos de las butacas sin consideración para los que habían llegado a tiempo.

Froylán me dio la primera lección de lo que hace un reportero. Una noche, después de cerrar la edición del Diario, y después del lechero en el café de chinos de Xalapa, oímos un estruendo y sentimos la conmoción de un carro que se había estrellado contra una farmacia. Fuimos a ver. Y después volvimos a la redacción y escribimos un pie para la foto que un colega tomó en la madrugada. Al otro día vi el fruto de nuestro esfuerzo. Y era bueno.

Pero antes de ser columnista y reportero fui asistente de formador en el taller de “El Tema de Hoy”, también de Xalapa. Mi primera herramienta fue una lima enorme que usaba para limpiar la rebaba de las barras de linotipo, y mi primer placer fue aspirar los olores de la prensa.

RC.- Cuando se inicia como corresponsal de NOTIMEX…?

A finales de los años ochenta. Yo era reportero del diario La Opinión, en Los Ángeles, cuando me invitaron a incorporarme a Notimex.

En esos tiempos Notimex tenía una presencia importante en el extranjero, y se hacía un periodismo que buscaba trascender la función de una agencia de Estado.

La idea original era que yo abriera la oficina de la agencia en Jerusalén, pero planes de última hora me cambiaron de desierto y me fui a abrir la oficina de El Paso. Trabajar para una agencia me permitió aprender la disciplina del corresponsal y practicar el oficio del reportero.

En El Paso conversé sin prisa y sin presiones con personajes como Carlos Castillo Peraza, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Elba Esther Gordillo, Herminio Blanco, algo que no habría podido hacer con facilidad en territorio mexicano.

Cubrí historias antiguas y recientes. La invasión de Villa a Nuevo México, los trabajos de los jornaleros que duermen en la calle y se van a pizcar chile en la madrugada, la militarización de la frontera de Estados Unidos, las diarias agonías de los indocumentados, los tamaños de la desigualdad, basureros de desechos radioactivos…

Y en El Paso aprendí a entender la frontera, los ritmos y los acentos de quienes comparten esa franja difícil, propia y ajena, que en esos años solamente era el principio de un país y el fin de otro…

Después de algunos años en El Paso, Notimex me envió a Uruguay para abrir la corresponsalía en Montevideo, donde encontré amigos viejos y nuevos y redescubrí el sabor de escribir y leer.

El lento paso de la vida en Montevideo, donde hay librerías abiertas hasta después de la medianoche y las fiestas empiezan a los dos o tres de la mañana, me acercó al género que más me gusta, que es la crónica.

Aprendí a hacer crónica porque quería decir cosas y no sabía escribir. Entonces hice algo en el estilo de algún escritor que me gustara (Cortázar, Hemingway, García Márquez, Cabrera Infante, Jardiel Poncela o Fernández Flores, Arreola, Ibargüengoitia, Corín Tellado, Cervantes, el Vargas Llosa de “La Casa Verde”), hasta que la cosa sonaba bien.

Dice Carlos Fuentes – en una entrevista que no recuerdo dónde leí – que la generación aural tenía que usar la imaginación y la que siguió pudo ver al hombre en la Luna y la que siguió pudo ver una, dos, muchas guerras.

Nosotros, los aurales, imaginábamos entonces con precisión sobrecogedora que los señores de donde venían las voces eran personas seriesísimas, sin duda de corbata, que a veces – entre la estática – hablaban lenguas extranjeras en las que uno buscaba sentido sin hallarlo.

Eran de uno los trabajos de Kalimán, las aventuras de Ricardo Lacroix, las lágrimas de Caignet, las muchachas de nombre suave que se perdían en el sonido de sus propias palabras antes de rendir su virtud, los amores posibles e imposibles, los júbilos repentinos y esporádicos del beisbol y la furia del boxeo.

Por eso me gustaba la crónica. Es lo más parecido a sentarse con alguien y contarle una historia, cierta o inventada…

Y he escrito crónica desde 1978 en el semanario veracruzano “Punto y Aparte”, luego en los periódicos “La Opinión” de Los Ángeles y “El Diario/La Prensa” de Nueva York, el semanario “Brecha” de Montevideo, y años después en publicaciones de quién sabe cuántos países y blogs que reproducían lo que yo escribía en la página de la BBC de Londres en internet.

Todo eso le debo a Uruguay. Y a Notimex.

RC.- Cuales fueron sus pensamientos cuando Radio Universidad Veracruzana lo rechazo por no tener titulo…?

Me dio risa. Me dieron que no tengo perfil académico para ser productor de Radio Universidad Veracruzana.

Había trabajado en esa estación desde que era XEXB en 1979 y se oía solamente a un par de kilómetros a la redonda, y un poco más si las condiciones climáticas eran buenas.

Pero no me amargué. Poco tiempo después de eso, mi hermana Ana María me mandó la convocatoria que la BBC había publicado en la prensa de México en busca de un productor. Me presenté. Una amiga se rió de mí porque la BBC no iba a contratar a alguien que no tuviera cuando menos una licenciatura. Yo me reí de ella. Trabajé para la BBC durante doce años, y fui de todo menos jefe.

Sin embargo, me sigue preocupando la idea de que alguien necesite un título para ejercer un oficio que sabe hacer. El sistema educativo de México forma estudiantes, pero no capacita periodistas: he conocido licenciados en Ciencias y Técnicas de la Comunicación que pueden recitar de memoria la obra completa de Kapuscinski y no pueden escribir una nota ni saben poner acentos…

Por eso establecí M&T Media Training, una empresa que ofrece talleres de periodismo a quienes ya practican el oficio y a quienes están interesados en hacerlo.

RC.- Como llega a ser la voz de la BBC en español, en Londres en 1996..?

Mi primer trabajo – como ya tenía experiencia en radio – fue presentar los noticieros, y en ese puesto duré varios años. Aunque no existe el puesto de “La Voz de la BBC”, muchos radioescuchas identificaban mi voz con las transmisiones de la BBC.

Me di cuenta de eso cuando fui a la boda de un colega en Colombia. La organizadora de la fiesta – pensando que nadie hablaba español – le dijo al mesero que nuestra mesa no era importante porque éramos gringos, y que nos sirviera después de atender a los demás. De todos modos llamé al mesero y le pedí una botella de ron. El mesero se me quedó viendo y me dijo sin titubeos: “Usted es Miguel Molina. Yo lo escucho en RCN todas las mañanas”.

En la BBC hice de todo. Terminé produciendo los boletines de noticias y atendiendo a las estaciones asociadas a la BBC en Argentina, México, Colombia y Venezuela, entre otros países. Y fui profesor del Colegio Internacional de Periodismo.

RC.- Para los mexicanos es un orgullo que usted sea profesor del Colegio Internacional de Periodismo del Servicio Mundial de la BBC., lo pensó alguna vez…?

Nunca pensé en eso. Hasta 2006 me concentré en mi trabajo periodístico, pero cuando se abrió una vacante en el Colegio me presenté a concurso y me dieron el puesto. El énfasis de mi trabajo fue la narrativa periodística, o cómo contar historias en los medios.

Sin embargo, los cursos implican que uno conozca, por ejemplo, los marcos legales en que opera la BBC (o cualquier otro medio), los principios editoriales de la corporación, técnicas de producción de radio, televisión e internet, talleres de presentación, de guión, de planeación…

Esos cursos son una herramienta magnífica para que los productores recién llegados de cualquier parte del mundo aprendan a hacer las cosas como se hacen en la BBC. Los talleres que imparto tienen el mismo fin y los mismos estándares, y eso les permite ir más allá de lo que les enseñaron en la escuela y ver al mundo de otra forma.

RC.- Que comparte en sus talleres y seminarios sobre “el cambio climático”, en Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay, Londres, Reino Unido..?

Cuando me retiré del Servicio Mundial, la cancillería británica y la Fundación de la BBC me invitaron a coordinar talleres y seminarios sobre Cambio Climático en Argentina, Chila, Bolivia y Uruguay, para crear conciencia sobre el calentamiento global con vistas a la cumbre de Copenhague. Los participantes eran funcionarios públicos, legisladores, organizaciones no gubernamentales y periodistas.

La idea era enfatizar la importancia de que se llegara a un acuerdo sobre cambio climático durante la cumbre de diciembre de 2009, y la necesidad de replantear políticas públicas, estrategias industriales y conductas personales para impedir transformaciones ambientales irreversibles.

Fue una experiencia muy intensa. Pasé varios meses viajando de un país a otro, inmerso en debates y presentaciones que además me permitieron entender tanto a quienes advierten que hay que hacer algo como a quienes opinan que el cambio climático es una conspiración…

Si algo aprendí en ese tiempo es que el cambio climático es en realidad un problema económico que se debate en términos científicos.

RC.- De que manera participo don Miguel, con la Organización Internacional del Trabajo, en Ginebra, Suiza..?

Después de que organicé los seminarios sobre cambio climático, la OIT me invitó a integrar un paquete informativo (tarjetas informativas, volantes, presentaciones, cosas así) para organismos patronales y empleados.

Por supuesto, la información que preparé y organicé en este caso incluyó las propuestas que se habían presentado para la creación de un mercado internacional de emisiones, las funciones de los mecanismos de monitoreo y control de emisiones en plantas industriales, las perspectivas de los procesos de producción ante el cambio climático.

Fue un trabajo interesante que me permitió darme cuenta del esfuerzo que se hizo para crear conciencia y lograr un acuerdo que por desgracia no se produjo…

RC.- Que responsabilidad es ser entrevistado en vivo, a diario para las estaciones más importantes de varios países..?

Uno siempre tiene que saber de qué habla, y del tiempo que tiene para decir lo que tiene que decir. El resto es cosa del entrevistador y su interés por el tema.

Todavía me da risa recordar al presentador de una estación sudamericana que insistía en que yo llamara dictador al presidente de su país, pese al hecho de que el presidente había ganado varias elecciones…

Algunos colegas lograban sorprenderme, como el que me preguntó qué opinaba la reina Isabel II sobre la participación británica en la guerra de Irak, o como el que me preguntó qué pensaba yo sobre la muerte de Humphrey, el gato de la residencia del Primer Ministro.

Cuando los atentados en Londres, algunas radios argentinas insistían que las autoridades británicas estaban tratando de minimizar lo que había pasado, y citaban cifras que alguien había manejado sin pensar mucho en la realidad. Uno de estos colegas me cuestionó tanto que tuve que decirle que es sumamente difícil contar el número de víctimas cuando una bomba estalla en un vagón lleno de gente.

En general, otros medios recurrían a la BBC en busca de información basada en fuentes y datos confiables, que además se presentara de manera sencilla y fuera creíble e imparcial. Y todavía lo siguen haciendo.

RC.- Vivir en Londres es ya una gran experiencia., pero también radica en Nueva Delhi, donde imparte cátedra en la Universidad Islámica., que visión le ha dado todo esto..?

Vivo en Londres casi todo el tiempo, pero paso parte del año en Delhi porque tengo un taller de producción de documentales de radio en la maestría en Periodismo Convergente de la Universidad Islámica.

Mi trabajo en India me ha permitido compartir mis experiencias con jóvenes periodistas que ahora son reporteros, editores, presentadores, y con quienes mantengo contacto.

Ese contacto y el hecho de que me alojo en el campus universitario y voy a lugares que no visitan los turistas, también me ha permitido aprender mucho sobre una sociedad de mil doscientos diez millones de personas que hablan al menos veintinueve lenguas y tienen una cultura antigua y un elevado sentido de la espiritualidad.

Pero también sé que uno de cada tres pobres que hay en el mundo vive en India, y he visto de cerca la extrema miseria y la extrema riqueza que hay en ese país, que es varios países a la vez.

Sin embargo, en Delhi o en Londres o dondequiera que uno esté, se ve el mundo. Y ver el mundo y contar lo que pasa en él es el trabajo del reportero…

RC.- Nuestra ciudad Piedras Negras le ha dado a México uno de los más importantes comunicadores como lo es don Pedro Ferriz Santacruz., a que periodistas admira usted..?

Admiro a los periodistas que piensan que su trabajo es contar lo que pasa, sin adjetivos ni parcialidad, y que saben que uno es tan bueno como lo que publicó hoy. Esos colegas – muchos de los cuales no son famosos – son los que hacen que este oficio siga siendo útil.

El único nombre que me viene a la cabeza ante su pregunta es el de Manuel Buendía…

RC.- Cual visión ha descubierto de los extranjeros, hacia México..?

Depende. En Europa puede uno encontrar grupos de personas que han estado en Chiconquiaco o en la Estación El Sueco, saben dónde están las mejores cantinas del Distrito Federal y pueden recitar la lista de los secretarios de Relaciones Exteriores hasta don Genaro Estrada.

Pero también puede uno encontrar personas que piensan que México es parte de Centroamérica, que es un país donde siempre hace calor, y que los mexicanos hablan o español o portugués.

Creo que en general hay extranjeros que tienen idea de cómo es México pero no tienen información que les permita entender qué está pasando en el país, tal vez porque ni siquiera los mexicanos sabemos por qué pasa lo que pasa. Es el caso de quienes creen que en el país hay democracia porque el PRI perdió dos elecciones presidenciales, por ejemplo.

RC.- De que “color” es el periodismo mexicano..?

Ay por el momento es incoloro.

El periodismo mexicano vive momentos difíciles. Los periódicos han sentido la presión económica tanto como las estaciones de radio y los canales de televisión.

Tengo la impresión de que hay medios que se resisten a cambiar, aunque la realidad les muestre que las cosas ya no son como antes. Y si a eso le agregamos el hecho de que las universidades forman estudiantes en vez de capacitar periodistas, el panorama se complica.

La esperanza está en los medios públicos, como las estaciones comunitarias y universitarias y los sistemas estatales de radio y televisión. Pero las estaciones comunitarias son pocas y están sujetas a muchas presiones políticas y financieras, y las estaciones universitarias y los sistemas estatales parecen empeñados en imitar a los medios comerciales, que no son precisamente las joyas de la corona.

El periodismo mexicano va a cambiar para bien el día en que los medios públicos – que funcionan con fondos públicos – se decidan a experimentar y traten de ser más que instrumentos de propaganda personal al servicio de los gobernantes.

Dicho esto, para enterarme de cómo va México leo La Jornada, El Universal, Milenio a veces (leía Reforma, pero ya no tengo acceso), y varios sitios de medios veracruzanos y de Misantla.

RC.- Maestro, porque dice que : “la lectura es una de las mejores escuelas para los periodistas”…?

Porque leer es una forma de escribir. Al menos así aprendí.

No hace mucho me entristeció ver que un colega columnista lamentaba que los periodistas leyeran muy poco, y prometía leer al menos siete libros este año.

RC.- Porque dice que “el narcotráfico no es el problema más importante de México, sino de Estados Unidos..?

Creo que es claro. Estados Unidos tiene millones de adictos no sólo a la mariguana y la cocaína sino a una gran variedad de sustancias ilícitas y lícitas como los tranquilizantes y los antidepresivos.

El error de Estados Unidos fue considerar este problema como una competencia de la policía en vez de aceptarlo como una preocupación de salud pública. La guerra contra el narcotráfico que Richard Nixon declaró en 1971 puede haber ganado unas cuantas batallas, pero no ha servido para cambiar la situación.

Es verdad que en México hay adictos, como en todo el mundo. Pero ni son tantos ni representan el mismo problema que representan los adictos del otro lado de la frontera. El problema de México es la violencia, y eso hay que resolverlo pensando primero en los mexicanos y en los demás después.

RC.- Que cambiaria usted de México..?

No sé. En todo caso, serían cosas menores.

RC.- Cual es su fórmula para tanto éxito logrado..?

¿Éxito? ¿Cuál éxito? Soy un reportero que ha tenido suerte y ha trabajado siempre según su leal saber y entender.

Para mí, el éxito consistiría en ver que en México hay tanto interés en mis talleres de periodismo como ha habido en otros países, y que pudiera compartir con mis colegas mexicanos la experiencia que uno acumula con el tiempo.

Pero nadie es profeta en su tierra…

RC.- Hacia donde van sus proyectos actuales..?

Por ahora pienso continuar como consultor del Colegio Internacional de la BBC y promover mis talleres de periodismo.

Además del taller que doy en Delhi, este año voy a dar uno en México para un periódico de la capital, y estoy en conversaciones para hacer talleres para los medios públicos en un par de estados. También me invitaron algunos institutos tecnológicos a dar algunas conferencias sobre las consecuencias del cambio climático en América Latina y las perspectivas de la educación superior ante ese fenómeno.

Espero terminar una colección de poesía (aunque la poesía, como el crimen, no paga), porque la última vez que publiqué fue a finales del siglo pasado.

RC.- Quien es MIGUEL MOLINA..?

Sigue siendo un muchacho de Misantla.

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Publicado el agosto 24, 2011 en Uncategorized y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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