Carlos Torres

RC.- Dr. Carlos, de qué manera recuerda su infancia en Argentina?

Fue una infancia feliz, a pesar de las dificultades económicas de mi familia. Crecí en una familia humilde pero que se amaba, con un padre y una madre que cuidaban a sus hijos y buscaban educarlos…leyendo junto a mi padre pequeñas novelas bélicas de escaso valor literario pero importantes para aprender el goce de la lectura… luego fue leer a Hegel en una cocina /taller donde mi madre cosía pero también cocinaba y nos llevaba a la escuela. Siendo el mayor de los hijos, hubo responsabilidades importantes para mí como integrante de una familia que tenía un taller de costura de carteras para mujeres en el que yo trabajaba ayudando a mis padres.

Como todo argentino varón, quise jugar al fútbol y lo hice en las inferiores de un club de la provincia de Buenos Aires. Pero me quedaba muy lejos y hubiera tenido que abandonar la escuela secundaria sin poder entrar luego a la universidad, así es que lo abandoné para dedicarme a los estudios. Jugar al fútbol es uno de los placeres más satisfactorios de mi vida y lo sigo haciendo con un equipo de amigos argentinos en un campeonato senior del Valle del Conejo en California del Sur.

 RC.- Cómo llegó a la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA)?

Trabajaba como profesor de educación en la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá cuando me llegó una invitación para postular a una posición en UCLA en la que había enseñado una clase en 1986, viajando todos los viernes desde la Ciudad de México donde residía y regresando los sábados. Vi la descripción del puesto y se acercaba mucho a mi perfil profesional y a lo que estaba haciendo en Canadá, así que postulé junto con unas 70 personas de distintas partes del mundo y por fortuna fui escogido. Han sido más de dos décadas de ‘love affaire’ con mi departamento y con esta universidad pública de excelencia.

 

RC.-Además de profesor, ha sido director del Centro Latinoamericano, jefe de la División de Ciencias Sociales, vicedecano de Asuntos Estudiantiles…qué piensa de todos estos logros?

 

La universidad pública norteamericana de excelencia –con casi 4.500 colegios y universidades en EEUU, no todas son de excelencia—es muy competitiva. Cuando en 1985 recibí una oferta para ser decano de educación en la Universidad de Houston, Texas, incluyendo una endowed chair, mi universidad contraofertó activamente. Entre otras cosas, me nombraron Director del Centro de Estudios Latinoamericanos, uno de los centros más importantes de USA y le ofertaron una posición permanente a quien era mi esposa en ese momento.

¿Qué pienso de estos logros? Francamente vivo pensando en el futuro, no en los logros del pasado porque, evocando una imagen bíblica, no quiero volverme una estatua de sal al mirar para atrás.

RC.-Existirá el “sueño americano”?

Todos tenemos sueños y los norteamericanos también aunque en realidad la expresión “sueño americano” cubre una vasta gama de sueños en un continente tan amplio como América del Norte, del Centro y del Sur. Este país es muy complejo, con enormes diversidades de clase, raciales, étnicas, lingüísticas. No sé si se puede hablar de un sueño americano o un sueño mexicano o argentino o brasilero. Me parece que la frase misma respira con dificultad pero no me cabe duda alguna que si hay un concepto que se identifica con la historia de los EEUU, sus simbolismos y los rituales de la constitución de la nación, es la idea de libertad. Justamente por esta idea de libertad, mi coche es un Mustang, un caballo salvaje indomable, que en su caminar por la tierra es el emblema de la libertad sin dueño.

RC.- Cómo nació su idea de crear el Instituto Paulo Freire, del cual es actualmente director fundador?

Fue en Mayo de 1991, tomando café y conversando con Paulo Freire y con Moacir Gadotti, en el patio de Kerkoff frente al edificio de la escuela de educación de UCLA. Freire había terminado un diálogo magnífico con algunos de mis colegas, con Moacir y conmigo mismo, y estaba realmente satisfecho. Pero en la conversación se ensombreció un poco y nos dijo “qué pena, estas conversaciones tan extraordinarias…y un día de estos me voy a morir sin poder hacer todo lo que he buscado hacer…” Le dijimos que todos moriríamos en su momento pero que su propuesta, sus ideas, sus sugerencias político- pedagógicas no tenían por qué morir… y coincidimos los tres en fundar el primer Instituto Paulo Freire en São Paulo, Brasil. Y así lo hicimos en noviembre de ese año; Freire fue el patrono y Moacir Gadotti, Walter García, José Eustáquio Romão, Francisco Gutiérrez y yo, fuimos los Directores fundadores. Luego la idea se esparció como reguero de pólvora por el mundo y ya existen más de 10 institutos. El de UCLA lo fundé con varios de mis estudiantes en 2002 –entre el 15 y el 20 de Septiembre del 2012 celebraremos sus 10 años con una reunión internacional, el Octavo Foro Bianual Internacional Paulo Freire. Nuestro instituto sigue la sugerencia misma de Paulo, que se transformó en un verdadero mantra de los Institutos Paulo Freire, cuando nos dijo ‘no quiero que me repitan sino que me reinventen.”

RC.- Por qué convertirse en el biógrafo de Paulo Freire, qué legado nos dejó este gran intelectual y filósofo?

Si uno rasga una teoría, encuentra una biografía. Leí el trabajo de Paulo Freire cuando era estudiante de sociología en Argentina a principios de los setenta. Entre 1973-74, cuando era secretario General del Instituto Estudio de la Ciencia Latinoamericana (ECLA) en la universidad jesuítica del Salvador, en Buenos Aires, organicé un curso sobre Paulo Freire dictado por quien era su editor, Julio Barreiro, una persona extraordinaria y lúcida como pocas, tal como lo demuestra su libro, Premio Siglo XXI, Los Molinos de la Ira. Julio fue un intelectual señero de la lucha por la liberación. A partir de ese curso, Julio me invitó a escribir un libro crítico sobre Freire, lo que hice y entregué para publicación dos semanas después del golpe militar de 1976. Dadas las circunstancias nefastas del país que me obligaron al exilio, el primero de lo que fueron tres volúmenes se publicó en México en 1977 y los otros dos, en los siguientes años. En 1979 y 1980 fueron publicados en portugués por la editorial Loyola y en el 2005, en una edición aniversario, por el Instituto Paulo Freire de España.

Pero fue justamente en esa conversación con Julio Barreiro, quien al recibir mi manuscrito me dijo “quizá lo publicaremos en Italia” cuando le pregunté inocentemente por qué no en Argentina, que me mostró una revista popular entre la clase media argentina, con citas extraídas de Educación como Práctica de la Libertad y de Pedagogía del Oprimido. El artículo terminaba diciendo algo así como “contra esta educación marxista se hizo el Proceso de la Nación Argentina” según se autodenominaba la Junta Militar. Recuerdo que Julio me dijo mirándome a los ojos, “esto es propaganda pagada”. Luego de conversar largamente, me di cuenta que quienes trabajábamos en estos temas desde ciertas convicciones, no teníamos futuro en el país. Al regresar a la Patagonia donde residía, inicié una búsqueda de becas y trabajos en el exterior. FLACSO me dio una beca para hacer mi maestría en Ciencia Política en México, y partí en octubre de 1976 hacia mi segunda patria.

Había ya recibido una carta de mi amigo, el Dr. Emilio Mignone, en la que narraba cómo su hija, amiga mía, su mejor amiga y su marido, con quienes habíamos intentado fundar una comunidad utópica, habían sido secuestrados y desaparecidos. Fueron de los primeros desaparecidos, esa triste figura jurídica de los derechos humanos producto de la experiencia de la Dictadura Militar Argentina de 1976-1983. Esa conversación con Julio Barreiro probablemente salvó mi vida y la de mi familia.

Fue así como comenzó mi exilio y mi programa de investigación sobre Paulo Freire, después de haber convivido muy cercanamente con él y con Moacir Gadotti, Director Ejecutivo del IPF de São Paulo y entrañable amigo por más de 20 años. Un programa de investigación y docencia que todavía continúa. Estoy ahora mismo trabajando en un libro provisoriamente titulado Una filosofía de la conciencia: Entendiendo el primer Freire.

Pero su pregunta también es sobre el legado de Freire. Este es vasto e importante. Primero, la idea que toda relación social y cultural puede envolver un momento de dominación y la necesidad de establecer una epistemología de la sospecha, argumento fenomenológico central tanto en Paulo Freire como en Paul Ricœur. Segundo, el respeto al conocimiento popular y sobre todo al conocimiento del conocimiento anterior, esa frase genial de Freire para referirse al conocimiento popular que llega a nuestras salas de aula y es generalmente avasallado o simplemente ignorado por otros modelos de conocimiento que confrontan en vez de complementar la sabiduría popular. En tercer lugar, la idea de un diálogo como método pero también como proceso de enseñanza-aprendizaje donde el maestro es alumno y el alumno maestro. En cuarto lugar la idea de una utopía educativa, una utopía basada en el principio de que la esperanza es constitutiva del género humano y dado que las circunstancias que afectan la vida cultural y política de los individuos son producidas por nosotros mismos, podemos, en un proceso de concientización que es simultáneamente acción y reflexión, modificarlas. En quinto lugar la idea, también genial, de que leer la palabra es leer el mundo y viceversa. Un verdadero manifiesto contra la alienación social, política y cultural a la cual todos nosotros, miembros de sectores populares o de elites, estamos sometidos en el enajenamiento que construyen los lazos cognitivos, políticos y sociales capitalistas. Y por eso mismo Freire hablaba de una Pedagogía con nombre y apellido, una Pedagogía del Oprimido, reconociendo la dualidad de la conciencia, donde tanto la conciencia oprimida como la conciencia opresora pueden residir en la misma persona.

RC.- Cuándo fue Presidente de la Comisión de Educación y Sociedad del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y asesor del Congreso Nacional de Argentina?

La amistad tiene obligaciones imperecederas. Cuando el Dr. Atilio Borón, quien fue mi profesor de Ciencia Política en CLACSO/México, asumió el cargo de Secretario General de CLACSO, me invitó a reactualizar esa importante comisión de Educación y Sociedad y así lo hicimos. Y de igual manera, cuando la Doctora Adriana Puiggrós fue elegida diputada federal en Argentina y luego Secretaria de Ciencia y Tecnología, colaboré con ella ad-honorem, en la elaboración de la primera ley de ciencia y tecnología de Argentina.

RC.-Qué significa para usted el ser autor de más de 60 libros?

Una curiosidad que algún día me gustaría comprender.

RC.- Por qué afirma que la educación popular es la que contribuye al cambio social, al desarrollo nacional y al mejoramiento de los individuos y las familias?

La educación popular, construida a partir de las luchas obreras y populares en la región, con momentos de originalidad extrema como la educación socialista o la educación rural en el México post-revolucionario, o el Sandinismo en la América Central de los veintes, o la revolución cubana al fin de los cincuentas, o la presencia de Freire en Brasil y Chile en los sesentas , o las nuevas configuraciones de la educación popular practicada por los movimientos sociales del continente, es una de las respuestas más lúcidas, oportunas y efectivas, en la lucha contra el capitalismo salvaje y en defensa de la dignidad humana. Como paradigma teórico, la Educación Popular, junto con la Teología de la Educación, la Filosofía de la Liberación o la Teoría de la Dependencia han sido contribuciones de una enorme riqueza en las ciencias sociales y las humanidades, contribuciones que nacieron de esas luchas populares y de las vinculaciones de una ‘inteligencia’ comprometida con la región. Son contribuciones teóricas y experiencias prácticas de las que todos hemos aprendido mucho y seguiremos aprendiendo.

 RC.- Maestro, cómo influye la cultura en la globalización?

Hay una globalización de la cultura claro, pero lo que marca la cultura en la globalización es la hibridación, un tema que demandaría horas para ser discutido en toda su dimensión y complejidades.

 RC.-Cuál es su compromiso por el cambio social y la educación liberadora?

Quisiera creer que uno es la página que escribe y en mi contribución teórica-práctica, he buscado avanzar en ese compromiso con los sectores que no tiene la voz que un intelectual puede tener. Lo demandan aquellos padres y madres que buscan una educación de calidad para sus hijos. Lo demandan los movimientos sociales que luchan por una justicia social. Es decir, ningún intelectual progresista puede quedar al margen de la historia de los sectores populares de América Latina y si me ha tocado por las vicisitudes de mi vida y la historia arisca de América Latina, desarrollar gran parte de mi trabajo académico en los EEUU, aunque viajo, discuto, doy conferencias y aprendo de mucha gente y muchos lugares en todo el mundo, mi lugar de lucha ha sido mi posición en UCLA, y desde ahí, junto con los Institutos Paulo Freire, trato de hacer mi modesto aporte a la lucha de la liberación y la dignidad humana.

 RC.-Qué papel ha jugado la UCLA en su carrera académica?

UCLA es una universidad pública de excelencia, una de las mejores universidades del mundo y francamente me he sentido muy bien trabajando en ella. Es una universidad del sistema capitalista y muchos de sus profesores son apologistas del sistema y defensores de un conjunto de valores que personalmente detesto y combato. Pero no se puede meter a todo el mundo en la misma bolsa. Justamente por eso, cuando llegué al departamento de educación y descubrí que había gente honesta, inteligente, algunos sencillamente brillantes, haciendo lo mejor que podían en investigación, docencia y trabajo comunitario para impulsar una educación para la justicia social –nuestro mantra oficial y expresamente escrito en nuestros documentos—me di cuenta que era el lugar desde donde yo podría hacer una contribución. Jamás me voy a arrepentir de haberme quedado más de veinte años. A pesar que recibí dos ofertas para endowed chairs, una en 1995, otra en el 2000, mi universidad me hizo contra ofertas que no pude ni quise rechazar, y francamente he sido muy feliz. Como en toda organización formal hay sinsabores, pero debo decir con total tranquilidad política como intelectual de izquierda, ahora que soy uno de los profesores de más alto rango del departamento de educación, que jamás sentí presión alguna por mis posiciones teóricas y políticas, que siempre me he sentido apoyado, respaldado, respetado, incluso en ocasiones admirado por gente que no está necesariamente de acuerdo con mi trabajo, mis escritos o mis investigaciones. Pero la Escuela de Estudios de Postgrado de Educación y en especial el departamento al que pertenezco, el Departamento de Educación, ha sido un terreno más que fértil para la experimentación, el estudio, la construcción de un pensamiento, el trabajo político y la convivencia con estudiantes de extraordinaria calidad y con colegas que tienen, tenemos, un enorme sentido de civilidad universitaria y respeto por la dignidad del otro. Respeto cívico universitario aunque haya diferencia de opiniones o quizá en ocasiones conflictos. Pero a diferencia de otros departamentos, nuestro departamento de educación tiene un propósito definido de estudiar, investigar y enseñar para cambiar el mundo por lo cual, nuestras discusiones son no sólo muy respetuosas sino también muy instructivas. Aprendo enormemente de esas discusiones con mis colegas y admiro a muchos de ellos por su compromiso con la justicia social y sus vinculaciones con las luchas de los sectores populares.

RC.- Cómo se vinculan la Educación, el Poder y la Política?

Esta vinculación entre educación, poder y política es un nudo gordiano y es la clave de mis investigaciones luego de treinta años como profesor universitario. Sería injusto tratar de resumirlas en pocas frases. Hay una síntesis de mis análisis en mi libro relativamente reciente Globalizations and Education. Collected Essays on Class, Race, Gender, and the State introducido por Michael W. Apple con afterword de Pedro Demo y publicado por Teacher College Press.

 RC.- En los 80, después de su doctorado en Stanford, en su segunda estancia en México: cuál fue su experiencia en el estudio de la educación de adultos?

México, con su inversión en educación de adultos, incluso en la expansión del sistema de educación de adultos en los setentas y especialmente en los ochentas, fue tema de mi tesis de doctorado a la vez que comprobó mi hipótesis de lo que sucedía en muchos de los estados de la región donde la educación de adultos era una legitimación compensatoria, al no otorgarles a las gentes otras opciones como modificaciones en las estructuras salariales u oportunidades laborales, para mejorar en el contexto de un capitalismo que luego, con el neoliberalismo, se convirtió en un verdadero capitalismo salvaje.

 RC.- Qué desafíos ve en la educación latinoamericana actual?

No son muy diferentes de los desafíos de otras regiones del mundo aparentemente más avanzadas. Los grandes desafíos son mejorar la calidad, el acceso, la permanencia y la graduación en los sistemas educativos y vincularlos a las transformaciones tecnológicas así como las transformaciones de los mercados de trabajo de manera más efectiva, rápida y productiva. Del mismo modo, es imperioso imaginar como la educación puede contribuir a la emancipación total, un tema perenme en las luchas por la liberación.

RC.- Cómo mejoraría usted la calidad de vida de un individuo?

La respuesta a esta pregunta depende en gran medida del nivel de especialidad, intereses y compromisos de quien responda. Por mi parte sigo sosteniendo que el acceso a una educación de calidad, una educación para la justicia social, que implica casi por naturaleza un modelo de concientización de individuos, familias y comunidades, mejora la calidad de vida de los individuos.

RC.-Carlos, qué mecanismos deben de crear las universidades para lo que se llama ecopedagogía que ayuden a frenar el proceso de destrucción de nuestro planeta?

Las universidades tienen la reputación de estar habitadas por gente inteligente (o por lo menos esperamos que así sea). La respuesta a su pregunta puede ser hecha de varias maneras, especialmente si dejamos que la imaginación creadora triunfe sobre el egoísmo, la burocracia, la petulancia de las élites del poder y la búsqueda de lucro. Uno de los compromisos de la universidad es mejorar con su trabajo el medio ambiente y luchar para evitar la destrucción de nuestro planeta. Lo puede hacer en varios planos. Uno muy simple, es reducir su ‘carbon footprint’ en su propia operación académica. Otra, más cercana a su misión es investigar y hacer docencia para promover un modelo ecopedagógico de desarrollo sustentable. Otra cuestión central es participar en alianzas estratégicas con movimientos sociales ecológicos en la lucha por una planetarización donde los ciudadanos del mundo, no las corporaciones, los mercados o los gobiernos, controlen el medio ambiente.

RC. Desde hace tiempo le digo a los amigos que estamos en “tiempo de ventajas”. Cuáles han sido las suyas como latinoamericano que estudia la educación internacional desde los Estados Unidos?

Es difícil responder a esta pregunta. Un exiliado que se vuelve inmigrante en países diferentes, en ocasiones con una lengua diferente y una cultura que tiene que ser aprendida todos los días, tiene pocas ventajas, más aún si no proviene de una élite económica que lo sustente o una red social/política que lo sostenga. Quizá la única ventaja que podría señalar es que, a pesar de las deficiencias de los sistemas universitarios norteamericanos, todavía se respeta institucionalmente una idea de meritocracia y se recompensa la productividad intelectual y científica. En esos términos, he podido trabajar muy a gusto en UCLA.

RC.-Nuestra ciudad, Piedras Negras, no sólo es “la puerta de México” sino de Latinoamérica. Qué visión de la educación debemos tener los que a diario absorbemos una “bicultura” en esta frontera?

Las luchas por la identidad son complejísimas, los escenarios de culturas híbridas vuelven esas luchas incluso menos comprensibles, ciertamente difíciles de ser saldadas de un plumazo o con la argumentación fácil a la cual somos sometidos todos los días en los tidbits de la televisión, la creación de una nueva farándula en Internet vía ‘blogs’ o los discursos de políticos cada vez más simplistas, ignorantes o simplemente manipuladores como se puede observar en cualquiera reunión del Tea Party en este país. Sí sé que todo educador honesto es un agente complejo en el contexto de la política de la cultura. Defiende la cultura nacional y a la vez defiende la internacionalización de la cultura.

 RC.- Cuáles son sus próximos proyectos?

Continuar aprendiendo y practicando ebanistería, uno de mis pasiones que me permite descubrir que uno construye cosas, en este caso muebles, con sus propias manos, y no construye simplemente ideas con su mente. La unión del trabajo intelectual y el trabajo manual ha sido una de las obsesiones de todos los pensadores socialistas y es también una de mis obsesiones. En términos de proyectos de escritura, estoy publicando investigaciones sobre el nuevo sentido común neoliberal y el impacto sobre la educación, especialmente sobre la educación superior.

Como siempre, tengo que trabajar en varios proyectos a la vez. Hace un par de años que tengo entre manos, cuatro libros en diversos estadios de desarrollo. Espero terminar uno que compara el multiculturalismo en USA con el interculturalismo en Europa, escrito con mi colega Massimiliano Tarozzi de la Universidad de Trento. Su título, muy provocador, es Multiculturalism is Dead. Mi manuscrito sobre El Primer Freire que mencioné anteriormente está terminado en su primera versión pero es muy largo y requiere ser cuidadosamente revisado. Hace 21 años publiqué un libro The Politics of Nonformal Education in Latin America que fue muy importante en la discusión mundial sobre la educación no formal. Muchos colegas y alumnos me han pedido que prepare una segunda edición y ya terminé esa nueva versión, corregida y aumentada. Finalmente, hace años que vengo trabajando en un manuscrito semi-autobiográfico, tentativamente titulado Sobreviviendo la academia en los EEUU: A la sombra de Maquiavelo y Freire. Espero terminarlo durante mi sabático el próximo invierno.

También acabo de finalizar mi segunda novela (la primera, El Manuscrito de Sir Charles fue publicada en portugués en 2005) y me preparo para empezar una tercera, algo que espero consumar el próximo año.

RC.- Quién es Carlos Alberto Torres?

Quisiera adoptar la respuesta que me dio mi amigo y mestre Paulo Freire cuando le hice la misma pregunta. Jugando con sus manos en el aire como quien quisiera construir un nuevo mundo tan circular y rectangular como asimétricamente posible, me dijo: “alguien que vive, ama y quiere conocer.”

 

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Publicado el octubre 10, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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